B. Ramalinga Raju, fundador y presidente de Satyam Computer Services Ltd. —satyam significa "verdad" en sánscrito— dijo en una carta de renuncia que también infló las ganancias durante los últimos años, así como la cantidad de deuda que se le debía a la compañía, y no reportó todos sus pasivos. Eventualmente, dijo, el fraude alcanzó "proporciones sencillamente inmanejables" que lo dejaron en una situación similar a "ir montado en un tigre, sin saber cómo bajarse sin ser devorado".
La noticia generó temores acerca de los estándares de contabilidad y gobierno corporativo del país. Satyam fue auditada por PricewaterhouseCoopers y contaba con directivos independientes de renombre, incluyendo un profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, que estaba en la junta directiva. Satyam también era una de las empresas insignia de la India, que han llegado a definir una industria moderna y tecnológicamente avanzada capaz de competir a nivel global.
PricewaterhouseCoopers dijo que estaba examinando la declaración de Raju y rehusó hacer más comentarios.
Las comparaciones con el caso Enron, que afectó a EE.UU. a comienzos de la década, no tardaron en aparecer. En una declaración, la Confederación de Industrias de la India, un influyente gremio empresarial, dijo que "hay una necesidad de examinar inmediatamente los vacíos de regulación, contabilidad, auditoría y gobierno corporativo que permiten que ocurran lapsus como este, y de solucionarlos con urgencia".
El índice de referencia de la Bolsa de Bombay cayó 7,3% para cerrar en 9.586,88 puntos. La acción de Satyam se precipitó 78% para quedar en 39,96 rupias en Bombay. En Nueva York, no se transó el ADR de la compañía.
C.B. Bhave, presidente de la Junta de Valores y Bolsa de India, el principal regulador del mercado, dijo en una entrevista televisiva que el fraude parecía ser de una "magnitud horrenda". Raju, de 54 años, no estuvo disponible para realizar comentarios, según un portavoz de Satyam.
Raju, hijo de un agricultor, realizó un M.B.A. en la Universidad de Ohio y volvió a India con la determinación de que las empresas del país compitieran en los negocios globales, según una persona cercana al ejecutivo. Fue uno de los primeros en reconocer el potencial de las firmas tecnológicas de India para hacer frente a los virus de software que amenazaban a las computadoras del mundo con el cambio de milenio.
La compañía, fundada en 1987, se convirtió en la cuarta firma tecnológica de India por ventas, empleando a 53.000 personas en Hyderabad, en el sur del país.
Reacciones de clientes
Entre los clientes de Satyam figuran multinacionales como Nestlé SA, General Electric Co., Caterpillar Inc., Sony Corp. y Nissan Motor Corp. Raju, sin embargo, se había quejado de que Satyam nunca alcanzó el renombre de firmas tecnológicas más grandes como Wipro Ltd. e Infosys Technologies Ltd.
Un portavoz de Nissan señaló que la automotriz no contempla poner fin a su relación con Satyam, pero "seguirá de cerca la situación en el futuro".
Una vocera de Nestlé manifestó que Satyam les garantizó que sus servicios se seguirán realizando con normalidad. Sony y Caterpillar rehusaron comentar al respecto. GE no respondió.
El declive de Satyam se produce en un momento difícil para las empresas tecnológicas de India, que han llegado a simbolizar las propias aspiraciones del país como superpotencia comercial y una gran fuerza en el manejo global de datos y tercerización. La industria, aunque sólo emplea directamente a unos dos millones de personas de una población de 1.100 millones, ayudó a establecer un sector de servicios pujante en metrópolis como Bangalore, Mumbai, Nueva Delhi e Hyderabad.

Mumbai India.- El presidente de una de las mayores compañías de tecnología de la información de India reconoció haber adulterado resultados financieros clave, incluyendo un balance de liquidez ficticio de más de US$1.000 millones. La revelación causó estragos en las empresas del país y probablemente hará que los inversionistas cuestionen la validez de sus resultados en un momento en que la otrora pujante economía del país pierde fuerza.













